El huerto de Igartubeiti y su entorno en junio

“Ekaina eguzki gaina” dice el refrán, estamos a las puertas del verano. El 23 de junio el sol llegará a su punto más alto. Las plantas aprovechan ya las horas de luz, mientras que las azadas siguen trabajando la tierra. El ganado pasta libremente en los altos y se expande el aroma a la hierba recién cortada. Comenzamos a gozar de los atardeceres calurosos. Disfrutaremos del solsticio de verano, de la noche mágica de San Juan. El entorno, reaparecerá con nuevas energías.

El huerto

Para darle un poco de gracia a la huerta, plantaremos el pimiento, un producto muy conocido y muy estimado. De origen americano, existen muchas variedades: piquillo, Morrón, Gernika, Ezpeleta, Ibarra…

Necesita una tierra con mucho abono orgánico que esté bien seca, a la que se le puede añadir cenizas. Es conveniente que le dé el sol y regar abundantemente. Si por la noche, la temperatura baja de los 15C, puede que se irrumpa la floración.

Es el momento de plantar el pimiento en pequeños agujeros dejando 40 cm de distancia tanto de planta a planta como entre las hileras. A medida que vaya creciendo es importante escardar la tierra y regar las raíces de la planta.

Para cuidar nuestra huerta con mucho cariño y atención podemos utilizar una planta muy conocida y muy abundante en nuestro entorno: la ortiga.

En la huerta se utiliza la ortiga en forma de caldo: recogemos 10 litros de agua de lluvia en un recipiente que no sea de metal. Añadimos 1 kg de ortiga y dejamos 12 días a remojo. Debemos mover el agua con fuerza todos los días. En el momento de utilizarlo, a un litro de caldo de ortiga añadiremos 9 litros de agua. Así ahuyentaremos diferentes insectos y orugas que nos pueden generar problemas (el pulgón por ejemplo) y a su vez, regeneramos las plantas afectadas por las plagas.

El entorno

A medida que se acerca el verano, recolectaremos las primeras frutas como la cereza, el fruto del cerezo. Un árbol muy hermoso, elegante y sólido, vestido con hojas anchas y verdes. Se encuentra en todo el País Vasco salvo en la alta montaña. A pesar de que se adapta bien a diferentes terrenos, abunda más en laderas, valles cercanos a los ríos, así como en los caseríos, que se utilizaba como cercado natural. Su madera se emplea en carpintería y la flor del cerezo es muy estimada entre las abejas.

El 23 de junio, víspera de San Juan, el día del solsticio de verano, se coloca una rama de fresno en la puerta del caserío para protegerlo de los rayos y de los incendios. Se guarda la rama del año anterior para quemarla en la hoguera de San Juan o se quema junto al ramo de laurel bendecido, esparciendo el humo por toda la casa.