El huerto de Igartubeiti y su entorno en mayo

El mes de mayo, uno de los meses más bellos en la geografía vasca, es conocido como el “mes de las flores”. En cuanto al campo y la agricultura, es un mes clave, tal y como dice el refrán: “maiatza urteko giltza/ardatza”. Llegará la ola de calor y la humedad, un caldo de cultivo perfecto para las plagas y enfermedades. Hay que prepararse…

El huerto

Podemos comenzar recolectando los guisantes para dejar espacio en la huerta a las siguientes plantaciones.
Es el momento de sembrar la alubia, en euskera, “babarruna, baba gorria o indiaba”, “la alubia de las indias”, que llegó a nuestros caseríos desde América, hace ya más de cuatro siglos
A la alubia le viene bien el clima cálido, conviene que le dé el sol, en las raíces en concreto. No le gusta la tierra muy seca, pero teniendo en cuenta el invierno que hemos tenido, conviene echar cal a nuestra tierra que es arcillosa.
A la hora de sembrar, en caso de que no se haga junto al maíz, dejaremos unos 70 cm de una hilera a la otra, para poder montar una estructura de madera. Sino, con unos 20 cm es suficiente. En primer lugar haremos unos agujeros en la tierra donde pondremos unas 6 semillas en cada orificio, con una distancia de unos 40 cm entre ellos. De vez en cuando es conveniente remover la tierra para que el agua circule bien y el calor llegue hasta las raíces.

El entorno

La floración que se inició en abril, está en plena actividad ahora en mayo. En Igartubeiti está floreciendo el manzano, fundamental en la vida del caserío y en el relato que contamos en el museo.
A partir de mediados de mayo, cuando aparezcan las primeras manzanas, realizaremos el “aclareo”, la retirada de las manzanas más pequeñas para que el manzano tenga reservas siguientes cosechas. Es el momento de mimar al manzano. Es momento de embotellar la sidra, mejor los días de luna menguante.

Por otro lado, podemos plantar un árbol que no es autóctono, pero que está muy ligado a la historia del caserío, la palmera. Durante los primeros 3-4 años, hasta que el árbol eche raíces, lo sujetaremos con unos postes, para que esté más sujeto, y le añadiremos abono orgánico.

¿Pero qué relación tiene la palmera con el caserío? En la mayoría de los casos, no siempre, era el primer hijo varón, el primogénito o el “maiorazgo”, el que se quedaba con el caserío y los bienes. El resto de los/as hermanos/as dejaban el caserío, se casaban a otro caserío o se iban como criados. Otra de las opciones era empezar una vida religiosa o hacerse a la mar o se iban al extranjero, como pastores a América. A algunos de ellos se les conoce como “indianos”. Muchos regresaron de América con un buen patrimonio, y con una palmera que la plantaban en sus caseríos natales o en las nuevas “casas de los indianos”.